Así
como Airbnb propone un acercamiento global y ofrece la posibilidad de
vivir una
experiencia
única usando como bastón de apoyo la comunidad de usuarios y la
hospitalidad de éstos, recientemente la plataforma se ha visto
inmiscuída en una polémica desagradable. A partir del 2015 y
durante el correr de este año en Twitter se ha usado el hashtag
#AirBnbWhileBlack para denunciar casos de racismo por parte de
anfitriones hacia personas negras. Gregory Selden, estudiante
afroamericano, denuncia que sus solicitudes de alojamiento han sido
rechazadas basándose en el color de su piel. Para probar su punto,
Gregory creó un perfil falso aparentando ser un hombre blanco,
resultando que sí aprobaran su hospedaje.
Un
estudio realizado por la Universidad de Harvard demostró que los
viajeros con un nombre afroamericano cuentan con un 16% menos de
chance de conseguir alojamiento en residencias estadounidenses.
Ante
la polémica, AirBnb ha movido pieza y dedica uno de los apartados de
su página a combatir la discriminación. En una entrevista, Brian Chesky actual CEO de la empresa, se
ha pronunciado al respecto y hace énfasis en que este es un problema
complicado, puesto que hay dos posturas legítimas en confrontación:
por un lado lo indeseable del racismo y por otro el derecho de los
individuos sobre su propiedad. Chesky agrega que la dificultad
también estriba en acceder a la subjetividad de la elección que
toma el anfitrión cuando acepta o rechaza a un huesped, ya que esta
puede ser potencialmente discriminatoria. Esta pugna está
íntimamente relacionada con la transformación de un espacio privado
en uno público.
La
contestación más curiosa al problema fue el surgimiento de una
nueva plataforma llamada Noirbnb, que ofrece las mismas posibilidades
que Airbnb pero destinada a los viajeros negros con la misión de
ofrecer alojamientos seguros y donde sean bienvenidos.

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